Un día de siluros gigantes en Mequinenza

Un día de siluros gigantes en Mequinenza

Texto y fotos: Óscar Gracia Salinas.

Son ya muchos los años que llevo pescando siluros gigantes a mis espaldas, largas jornadas con muchas capturas y otras volviendo a casa sin haber obtenido ni una sola picada, pero siempre con ilusión y practicando esta pasión que nos hace disfrutar tanto, y que cada día crea más adeptos. Poco a poco los siluros gigantes crecen más y más, sin saber todavía donde estará el límite en nuestras aguas para este coloso.

Cada temporada los objetivos son mayores, buscando exclusivamente siluros gigantes que superen la barrera de los dos metros y no es por menospreciar a los de menor tamaño, puesto que son ejemplares que nos darán momentos muy intensos con sus nerviosas picadas a nuestros artificiales. Picadas espectaculares y actividad casi todos los meses del año, pero en la cabeza de todo apasionado de esta pesca siempre está el sacar un siluros gigantes más grande que el anterior, ese siluro con el que sueñas y fantaseas siempre. Un gran coloso que te ponga en apuros y saque lo mejor de ti a la hora del combate. Hablamos de siluros gigantes récord, siluros que superaran con creces la barrera de los 80 kilos de peso, curtidos en mil batallas y con ganas de no darse por vencidos fácilmente.

Mejor en invierno
Los meses invernales en los que los ríos no presentan aparentemente vida, los peces se encuentran inactivos, teniendo que buscarlos en sus zonas de descanso. Las aguas gélidas por debajo de los 6 grados, no nos pondrán las cosas fáciles, poco pez pasto por las orillas que hará que buscar a estos gigantes sea toda una odisea. Es época de que cada jornada de pesca te tienes que mentalizar que el “bolo” es casi seguro. Si conseguimos tener una sola picada, solo una, la jornada ya se puede dar por satisfactoria. La psicología es una parte muy importante en estas jornadas, las pocas picadas harán que se desespere hasta el más apasionado. La concentración debe ser máxima para no cometer errores y fallar la que puede ser la única oportunidad del día.

El río no está fácil ni cómodo de pescar como en los meses estivales, llevar mucha ropa, fuertes vientos y caudales más altos de lo normal, nos impedirán movernos con soltura encima de nuestro kayak, situación que hará que pelear uno de estos gigantes se convierta en una dura tarea

Todo bien organizado
Comenzamos organizando la salida de pesca, preparando con los amigos que día sería el adecuado para obtener mayor posibilidad de éxito. La información es importante en esta época del año, aunque parezca increíble, un día comen mucho y el siguiente cierran la boca, por lo que es imprescindible estudiar el tiempo, caudal, turbidez, temperatura del agua, etcétera. Son días muy fríos pero unos auténticos apasionados de esta pesca no podíamos quedarnos en casa, ¡Había que probar! Con los nervios de un principiante en su primera salida tras los siluros gigantes cargamos nuestros kayaks y equipos de spinning en el coche la noche anterior, todo listo para la mañana siguiente. La noche no sería fácil, pocas horas dormidas como si tuviera el presentimiento de que iba a ser un día inolvidable. Llegamos al punto de encuentro con las primeras luces de la mañana, café rápido con los amigos, alguna anécdota y a pescar, puesto que las ganas nos hacen estar alterados.

Comienza la pesca
Empezamos a pescar agujero tras agujero, probando diferentes profundidades, velocidades de recogida, pesos de los señuelos etcétera. Pasan las horas y no obtenemos resultados, es como si no quedase ni uno solo de ellos, la actividad es nula, pero sabemos a ciencia cierta que lo estamos haciendo bien, pescando sin prisa, tocando todas las posturas posibles donde sabemos que se puede esconder uno de los grandes y que tarde o temprano nos dará resultados .

Mi compañero Edu se queda un poco atrás insistiendo en una zona a cobijo del aire, cuando de pronto, ¡¡¡Llevoooo!!! El siluro gigante se apresura a dirigirse hacia los árboles de la orilla, mientras fuerza el equipo al máximo. La lucha acaba de empezar y tras varios minutos de angustia consigue sacar el siluro de la traba, pero esos roces pasarían factura ya que al subir el siluro gigante a la superficie para echarle mano, el trenzado estalla perdiendo el que sería el primer gigante del día. Se hace un silencio y en esos momentos no hay posible consuelo, solo el que lo ha sufrido sabe de lo que estoy hablando, muchos “bolos” y penurias para conseguir clavar un “XXL” y se ha escapado.

Continuamos pescando sin perder la ilusión y más motivados si cabe. Pocos metros nos separarían de la siguiente oportunidad. Ahora sería yo el afortunado, noto un ligero roce en el señuelo y clavo con todas mis ganas, pero al igual que el anterior siluro gigante se aferra a no separarse de la orilla, obligándome a salir al centro del cauce para tirar de él y separarlo de posibles trabas. La pelea duraría 10-15 minutos llevándome a la extenuación, pues se trata de un auténtico siluro gigante Salimos a la orilla y estiramos el metro llegando hasta los 2,40 metros. Las sonrisas son inevitables. Fotos y a seguir.

Estos siluros gigantes son auténticos supervivientes
Llegamos a las horas centrales del día, el sol va calentando lentamente y apenas conseguimos quitarnos el frío de las manos, pero a pesar de todo seguimos insistiendo en una zona de gran profundidad y mi compañero Edu todavía con la rabia en el cuerpo, lanza su señuelo bien pegado a la orilla, realiza una recogida lineal pero muy lenta y observa como una estela de agua sigue su artificial, lo para y ¡zascaaaa!, picada de nuevo, ¡chicos este es bueno, dice! Empieza a sacar línea hacia el centro del cauce, es necesario atar varios kayaks para conseguir frenar a la bestia. Otra lucha increíble y al final, buscamos una orilla donde salir. Lo medimos  y la cinta métrica se para en los 2,33 metros.

El día no podía haber ido mejor, ya con los deberes hechos la presión es mínima, pero seguimos pescando y la actividad aumenta, como si todos los pequeños siluros hubieran salido a colocarse en superficie por todas las orillas

Por fin el más grande
Lance tras lance, hacen caso omiso a mi artificial, se muestran asustadizos, por lo que cambio el peso de mi señuelo buscando una caída más lenta y sutil, intentando engañar así a alguno de ellos y de repente, mi línea sin previo aviso, sale a toda velocidad hacia el centro del río y grito ¡Llevooooo! Equipo doblado a tope, a punto de estallar, la presión es máxima en la línea, agotará todas sus fuerzas en intentar zafarse del anzuelo, arrastrándonos río abajo varios cientos de metros. Posiblemente estemos ante uno de los siluros más grandes sacados desde kayak, ahora sería Marcos quien me ayudaría a llevarlo a tierra, no sin sufrir una de las mayores luchas que he tenido, alargándose unos 20 minutos.

Lo acercamos a la orilla pedaleando con nuestros kayaks, sin ellos no sería posible movernos por el río a nuestro antojo. Estabilidad y rapidez son necesarios con estos siluros gigantes La orilla apenas tiene accesos limpios de vegetación, puesto que encontrar una zona donde salir no es fácil y al fin un pequeño agujero en una junquera servirá. Comenzamos a mirarnos con sonrisa cómplice, sabiendo que se trataba de un siluro muy grande, tan grande que la cinta métrica se para en 2,50 metros de sueños cumplidos.

Nuestra jornada de pesca no pudo haber terminado mejor, ya con las ultimas luces del día, fotos a duras penas, estamos exultantes de felicidad. Comentamos como ha sido el día entre risas, cansados pero ha merecido la pena, ha sido un día de los que crean afición, de los que no se olvidan nunca. Volveremos a por nuestros queridos siluros gigantes con más ilusión si cabe. Son nuestra pasión. Espero que en este relato os haya podido trasmitir todo lo vivido ese maravilloso día y poder seguir compartiendo tan buenas jornadas de pesca con mis compañeros y amigos, Marcos Pons y Eduardo Calderón.

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Fuente original: Federpesca

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